Ojos de gato
Gato A tiene los
ojos celestes y redonditos. Gato B tiene ojos amarillos y más almendrados.
Cuando les pega la luz artificial directa, los ojos de Gato A tienen un reflejo
color rojo intenso. Los de Gato B son más bien naranja brillante, o dorado,
cuando se los ilumina. Siempre me pareció simpático que el adminículo
reflectante de las bicicletas se llame “ojo de gato”; viéndolos a estos dos de
noche me río de lo acertado del nombre. Eso, el color del
reflejo de los ojos, es una de las formas de distinguir a Gato A de Gato B en la oscuridad. La otra es la localización.
Gato A duerme estrictamente en mi cama. Espera a que me acueste y se sube conmigo. Gato B es más desapegado, duerme donde le pinta, y suele amanecer en la cama de mi compañera o en el “cuarto de los gatos”, que es una habitación que alguna vez quiso ser estudio y tiene una camita que con el tiempo pasó a ser de ellos más que de los ocasionales huéspedes. Si las puertas están abiertas, esa cama se ve desde la mía, y si los veo acostados ahí los llamo a mi habitación.
Hoy, como nunca, fue Gato B el que se vino a acostar conmigo primero. Miré hacia la cama de los gatos, buscándolo a Gato A, y vi los ojitos redonditos, recortados en la oscuridad como dos espejitos rojos, mirándome muy fijo.
-Vení, puto, ¿qué hacés ahí? Mini, mini, mini!- Lo llamé mientras chasqueaba los dedos. Gato B ya dormía profundamente en mis rodillas. Los circulitos rojos ni se movieron. Siguieron ahí, fijos, enojados, casi amenazantes.
Para no seguir llamando, me levanté de la cama a levantarlo y traerlo. Gato de mierda. Mientras atravesaba el pasillo, casi sin motivo, metí la cabeza en la habitación de mi compañera y vi que, en realidad, Gato A está durmiendo tranquilamente con ella, así que no sé quién o qué son los ojitos rojos que me siguen mirando desde el cuarto de los gatos. Por las dudas he cerrado la puerta.
reflejo de los ojos, es una de las formas de distinguir a Gato A de Gato B en la oscuridad. La otra es la localización.
Gato A duerme estrictamente en mi cama. Espera a que me acueste y se sube conmigo. Gato B es más desapegado, duerme donde le pinta, y suele amanecer en la cama de mi compañera o en el “cuarto de los gatos”, que es una habitación que alguna vez quiso ser estudio y tiene una camita que con el tiempo pasó a ser de ellos más que de los ocasionales huéspedes. Si las puertas están abiertas, esa cama se ve desde la mía, y si los veo acostados ahí los llamo a mi habitación.
Hoy, como nunca, fue Gato B el que se vino a acostar conmigo primero. Miré hacia la cama de los gatos, buscándolo a Gato A, y vi los ojitos redonditos, recortados en la oscuridad como dos espejitos rojos, mirándome muy fijo.
-Vení, puto, ¿qué hacés ahí? Mini, mini, mini!- Lo llamé mientras chasqueaba los dedos. Gato B ya dormía profundamente en mis rodillas. Los circulitos rojos ni se movieron. Siguieron ahí, fijos, enojados, casi amenazantes.
Para no seguir llamando, me levanté de la cama a levantarlo y traerlo. Gato de mierda. Mientras atravesaba el pasillo, casi sin motivo, metí la cabeza en la habitación de mi compañera y vi que, en realidad, Gato A está durmiendo tranquilamente con ella, así que no sé quién o qué son los ojitos rojos que me siguen mirando desde el cuarto de los gatos. Por las dudas he cerrado la puerta.
Publicado en Facebook el 26 de septiembre de 2016
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